lunes, 11 de mayo de 2009

La Unión Hace La Fuerza


“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. (Heb. 10:24-25)

Pareciera ser que cuando las cosas no tienen los resultados que nosotros esperamos, la mejor solución es, siempre, abandonar lo que estamos haciendo, sin recurrir a nadie, darlo todo por perdido. Pareciera también que este tipo de comportamiento no debiera encontrarse entre quienes dicen profesar la fe en Jesús nuestro Señor, pero no es así, a diario tomamos conocimiento de gente que estando en una aflicción, y al ver que aquella no se soluciona con la celeridad que espera, se aleja de su congregación; quizás como una forma de manifestar su desagrado con Dios, de hecho, hay muchos que dicen: “no voy a la Iglesia porque estoy enojado con Dios”. No puedo dejar de preguntarme ¿Cuánto pierde Dios alejándome de Él? La respuesta es simple: “NADA” y nosotros ¿Cuánto perdemos? “TODO”.

La Iglesia es un cuerpo, el cuerpo de Cristo, en el cual Él es la cabeza. La Palabra de Dios nos enseña que cuando uno está dolido, todos los demás están dolidos con el: “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”. (1ª Co. 12:26)

Es en los momentos especiales de nuestras vidas cuando más debemos estar cerca de los nuestros, para compartir nuestras alegrías y nuestros pesares. Allí siempre estará un hermano para alegrarse con nosotros o para unirse a nuestro dolor y clamar juntamente a Dios para alcanzar su favor y su misericordia, y para estimularnos a las buenas obras, fortalecer nuestra fe haciendo fuerza, unidos en un mismo espíritu. Los resultados son admirables, a la vista de todo ojo y entendibles en el conocimiento de los que creen. Si usted pertenece a la congregación de la Iglesia Gedalías, puede dar testimonio de que esto es verdad y que lo ha visto de cerca.

¿Hay momentos difíciles por los que está pasando? No se aleje de Dios ni de su congregación. ¿No tiene una Iglesia a la que asistir? Busque una, créalo, hay una a la vuelta de su casa. ¿Y Dios? ¡Él está en todas partes!!

Ya deje de vivir sus alegrías y sus penas solo. Recuerde cuando todo tiramos hacia el mismo lado podemos arrastrar grandes pesos hasta donde queramos, porque “La Unión Hace La Fuerza”

La Gracia y la Paz de Cristo le acompañen siempre. Amén

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